Nuestra Cultura e Historia: Los Cafés Cantantes y El Cortijo Real de La Carolina

06.11.2008 09:34

 

Cafés Cantantes

Autora: Belén del Arco Prieto

Psicopedagogía. Etnología de Andalucía

Universidad de Huelva-199

 

En sus comienzos….

Los cafés, lugar de reunión política, artística o literaria mas distinguida que las tabernas, se había impuesto en España a partir de la segunda mitad de siglo XVIII, introducidos y regentados, muchos de ellos, por Italianos. Muy apreciada era entonces la escuela bolera. Felipe V había traído maestros de baile italianos. Estos habían quedado fascinados por los bailes andaluces y añadieron a ellos su técnica y estilo clásicos, resultado de ello la escuela bolera, que exigía bailarines entrenados y profesionales. Existía un gran repertorio de estos bailes. Las canciones y coplas andaluzas eran también populares en los cafés. Cuando estaban amenizados por músicos o cantantes se les llamaba Cafés Cantantes.

En sus comienzos, el cante flamenco constituía un rito solemne y trágico que se escuchaba en intimas reuniones familiares, bodas, bautizos….donde acudía un reducido numero de aficionados conocidos en el argot flamenco como “Los Cabales“. Los Cabales eran personas entendidas en la apreciación del arte de los “cantaores”, “bailaores” y “tocaores” de guitarra.

Foto: Obra de David Gonzalez López (Zaafra)

 

Desde fines del siglo XVIII, en el que los primeros cantes y cantaores se empezaron a oír, hasta la década de 1840, había muy pocas personas fuera del circulo gitano que conocieran sus canciones. Así, la forma gitano-andaluza del cante, propagada de manera difusa y restringida, solo se podía oír en pequeñas tabernas o en privado entre los mismos gitanos. El cantaor o cantaora cantaba solo cuando tenia ganas de hacerlo, o cuando les venia de adentro o el ambiente lo requería. Pero iba a ocurrir un cambio al encontrar un inmejorable medio de difusión: El Café Cantante.

Los Cafés Cantantes…

Algunos investigadores datan la existencia de los cafés cantantes desde 1847 hasta 1920. Estos cafés surgieron y se extendieron por Andalucía y España en razón lógica de unos hechos naturales. Por un lado, el auge que toma en toda Europa los cafés con espectáculos musicales, no solo como entretenimiento sino también como inquietud artístico-cultural. Por otra parte, la necesidad de canalizar la expansión cada vez más pujante del costumbrismo andaluz. De esta simbiosis nació en esencia el nuevo espectáculo. Con tan buenos augurios, como sostiene Caballero Bonald, el flamenco llega a su más brillante etapa de apogeo a mediados del siglo XIX y no saldría ya de ella hasta principios del siglo XX. Como puede verse, la “Edad de Oro del Flamenco” fue corta, pero muy intensa.

Como ya hemos citado, antes de la época del cante flamenco en los cafés, era el baile un apreciado elemento en el programa de los mismos. Pero el público empezó a cansarse de estos programas y entonces fue cuando llego el momento para un genial cantaor de flamenco, Silverio Franconetti, de origen italiano. Tenia un buen instinto para lo comercial y comprendió que el cante gitano podía ser una atracción apropiada para los cafés cantantes hasta el año 1880, en el que Silverio, con su gran capacidad,

Inteligencia e intuición abrió su propio café en Sevilla, iniciando así la culminación de la época.

Entonces ocurrió el cambio. Ahora serían conocidas estas canciones que habían tenido una vida casi secreta hasta el momento, con un público escaso pero entusiasta.

Creó el Café Cantante, dedicado exclusivamente al flamenco, con lo que creó también espacio sociológico, después degradado, en el que el flamenco se desarrollaría. Su capacidad artística y comercial haría de Silverio el primer profesional que sintetiza, recrea y proyecta todo lo que de otros cantaores había heredado. Con Silverio el flamenco inicia su primer momento culminante: la llamada Edad de Oro, época de los Cafés Cantantes, que se prolonga hasta principios de siglo.

Silverio contrato a ciertos cantaores para su café, fijo las horas de trabajo y vigiló que cumplieran con su obligación. Esto no era fácil para los gitanos, acostumbrados como estaban a una vida libre y a cantar cuando tenían ganas de hacerlo, y no cuando lo esperaba el público. Pero de esta manera tenían la posibilidad de tener un ingreso seguro. En este sentido, una vida muy dura era la que le esperaba a los artistas que se encontraban en los cafés cantantes. La ventaja era que podían comer cada día, la desventaja era que la calidad de la función empeoraba. Para el cantaor gitano era destructivo tener que actuar en horas y programas fijos. Aquí, el cantaor luchaba entre su carácter impulsivo y la forzada disciplina.

Silverio era un buen protector de sus cantaores, pero a veces no funcionaba todo bien y él mismo tenía que salir a actuar. La fama de Silverio como cantaor creció. Pero para los gitanos era casi impensable e increíble un payo cantaor. A una gitana no se le ocurrió otra critica que decir: “Cantas bien, pero tienes los pies muy grandes”.

Foto: Silvero Franconetti

 

Silverio será el gran cantaor que hace ostensible mercancía del cante, adaptándose mercantilmente al gusto del público y a las exigencias de la moda.

Lorca le rinde un homenaje en un poema:

"Retrato de Silverio Franconetti".


Entre italiano
y flamenco,
¿cómo cantaría
aquel Silverio?

La densa miel de Italia
con el limón nuestro,
iba en el hondo llanto
del siguiriyero.
Su grito qué terrible.
Los viejos
dicen que se erizaban
los cabellos,
y se abría el azogue
de los espejos.
Pasaba por los tonos
sin romperlos.
Y fue un creador
y un jardinero.
Un creador de glorietas
para el silencio.
Ahora su melodía
duerme con los ecos.
Definitiva y pura
¡Con los últimos ecos!

(Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo)

Los primeros Cafés Cantantes tenían poca importancia, se fueron estableciendo poco a poco: según Félix Grande en total había 63 Cafés en doce ciudades: Sevilla, Jerez, Cádiz, Puerto de Santa María, Málaga, Madrid, Granada, Barcelona, Bilbao, Córdoba, La Unión, Cartagena y Jaén.

Ya Guillermo Sena Medina, en la revista Candil (21), nos cuenta que: “existía en La Carolina un Café Cantante, “El Cortijo Real”, propiedad de D. José del Arco Moreno y de Dña. Carlota Lloreda Grimaldos (mis abuelos paternos), nos dice que era el preferido de los aficionados al cante grande que se reunían a diario para decir sus coplas. En él se podían escuchar las mejores voces cantaoras de la zona, como José Maleno, Tres Dedos, el Morao, El Niño de la Huerta, Joaquín “El Carretirello”, El Carbonerillo… Es cierto que estos grandes artistas carecían de renombre por aquellos años, pero de lo que no hay duda es que sí tenían hermosas voces flamencas que enardecían a los “Cabales” Carolinenses que tuvieron la fortuna de saborear sus cantes. Podemos citar algunos factores que hacen de La Carolina un núcleo clave para el arraigo del cante y su irradiación a otros pueblos más o menos cercanos:

a) La cuenca minera, tanto por la llegada de mineros de otros lugares andaluces, como por la indudable prosperidad económica.

b) La comunidad gitana inseparable del Cante Flamenco (1)

c) La situación geográfica que, a caballo del “ Camino Real” construido por Lemour a instancias de Carlos III, le hace ser lugar de parada y fonda para viajeros que iban desde Madrid a Andalucía o viceversa, donde, sin duda, se quedaban arbitrios de gran hondura.

d) La antigua tradición bandolera de Sierra Morena.

 

Cortijo Real de La Carolina

Continuando con Cortijo Real, era un local de gran atracción para los aficionados al “Cante”, era frecuentado por Pepe “ Palanca”, creador de un estilo muy personal y gran cantaor de fandangos, también estuvo y fue asiduo en este café cantante el maestro de maestros, como a él le gustaba proclamarse, Pepe Marchena, posiblemente gran cantaor, pero que como persona dejó mucho que desear para la familia que regentaba el citado café; además también lo frecuentó El Carbonerillo, trabajó en la mina La Rosa, fue un gran creador de fandangos y en la actualidad tiene a bastantes continuadores de su magnifico estilo. Por lo que gracias a este local, los cabales carolinenses pudieron escuchar a estos cantaores. En el periódico de la época (1930), La Razón, aparecía este anuncio:

¿Quien en La Carolina no conoce el “Cortijo Real”?. Su dueño, D. José del Arco Moreno, amable, acogedor, espléndido, derrochando gusto y dinero, acredita cada día mas intensamente su establecimiento, que a todas horas se ve concurridísimo por una tan numerosa como selecta clientela. “¡El Cortijo Real…!”. Típico Café Andaluz, donde la alegría de los vinos hace olvidar preocupaciones y tristezas…, y los clásicos “chatos” van desfilando por el mostrador…

¿Quien no ha saboreado las riquísimas y bien condimentadas cabezas asadas del “Cortijo Real”?.

Pero quien no ha probado las riquísimas chuletas con pan y vino que por tan solo 0.25 pesetas, hasta la cena mas complicada y suculenta se sirven en sus magníficos reservados. En resumen: que “El Cortijo Real” es el establecimiento donde se escucha el buen cante, se come y se bebe por excelencia y donde la alegría de vivir es más grande.

Este establecimiento estaba situado en la calle Olózaga,1, esquina Cuartel; ahora hay un edificio nuevo.

Por lo general, el mueblaje de los Cafés era sencillo, un salón amplio decorado con espejos y carteles con motivos populares como corridas de toros, la Torre del Oro, la Giralda y otros. Mesitas y sillas, un “tablao” para los artistas y reservados para fiestas privadas.

El café de Silverio era diferente: se abrió en el año 1885 en la calle Rosario de Sevilla y estaba instalado a manera de un patio sevillano, con un pozo en el centro, todo decorado de azulejos. En el patio estaba el tablao y un mostrador para servir el vino. Había mesas y sillas en las arcadas y en las partes altas del patio había una barandilla con columnas que comunicaba con las habitaciones reservadas.

 

Foto: Ofrenda a San Rafael de Julio Romero de Torres

(Hace la ofrenda Custodia Romero)

 

Asiduos a estos locales la aristocracia y la alta burguesía, acompañados de mujeres de vida mundana y de artistas, que escuchando a los magnates del cante y de la guitarra establecieron la llamada juerga flamenca, permaneciendo en esos reservados hasta alta horas de la madrugada, tomando parte del acompañamiento de los cantantes con palmas y olés, motivados por la euforia del vino, las juergas terminaban desayunado las clásicas sopas de ajo y el café con churros.

El grupo flamenco en el tablao era muy parecido al de hoy en día: uno o dos guitarristas, bailaores y bailaoras, cantaores para el baile y cantaores que cantaban solos con la guitarra.

El arte flamenco comenzaba a penetrar en las conciencias de la gente; fue conocido primero en España y poco a poco en otros países. A pesar que a finales de 1890, la generación del 98, grupo de escritores, poetas e intelectuales viejos empezaron a criticar el flamenco, diciendo que no tenia que ver nada con el arte, considerando que los cantaores profesionales eran simples aficionados.

La instauración de estos Cafés provocaría voces alarmistas como la del arte flamenco andaluz D. Antonio Machado Álvarez (padre de los poetas Manuel y Antonio Machado) conocido como “ Demofilo”, que afirmaba que los Cafés Cantantes acabarían por completo con los cantes gitanos, los que “ andaluzándose, o haciéndose gachonales, irían perdiendo poco a poco su primitivo carácter y originalidad… En la taberna, en las reuniones familiares y de amigos… los cantaores eran los verdaderos reyes, los obsequiados siempre y, aunque pagados a veces, eran escuchados con riguroso silencio… en los cafés el publico se impone… y como en su mayoría no es inteligente, ni está acostumbrado a discernir lo bueno de lo malo, ni por lo general participa de aquel sentimiento triste que domina a los gitanos al cantar, va agachonando a los cantaores, que, movidos ahora más por el interés que por el arte, tiene que ir acomodándose al gusto del publico que paga… Estos cantes, tabernarios en su origen, se han convertido hoy en motivo de espectáculo publico.”

Sin embargo, los jóvenes escritores y poetas demostraron gran simpatía y compresión.

De todos modos, existían signos de que Javier Molina (citado por Bárbara Thiel) tenía razón cuando decía que: “Antes las jaulas eran malas, pero los pájaros buenos. Ahora las jaulas son mejores, pero los pájaros peores”.

Se puede decir que la existencia de los cafés cantantes, era favorable para la difusión del cante, pero también para su destrucción. A finales de 1908 se notó un cansancio, una decadencia. El flamenco comenzó a perder fuerza y poder, lo cual era comprensible dado el carácter gitano de no obedecer órdenes. El beneficio económico había alcanzado gran importancia y finalmente se notó una falta de interés por renovarse.

Estos establecimientos fueron auténticos forjadores de artistas flamencos, género que se ofrecía dentro de los llamados “conciertos de arte andaluz”. Llenaron las épocas llamadas “de oro” y de transición: la de los grandes maestros.

Decretaron su cierre durante la llamadas fases teatral y operística, pues la opera, la zarzuela y el teatro estaban mejor vistas y eran mejor para la sensibilidad de los ciudadanos, según los detractores de los Cafés Cantantes, pues además, según ellos, era el mejor camino para la cultura, que por supuesto también las clases obreras debían de recorrer.

Algunos años después, intelectuales, músicos y artistas se empeñaron en la empresa de rescatar el flamenco de la marginalidad social. Y acertaron con las nuevas formas estéticas de describirlo, nombrarlo y transmitirlo tal y como en el presente lo conocemos.

Pero mientras que, portado lo dicho, el arte flamenco estaba en peligro de banalizarse en los cafés, tuvo consecuencias decididamente positivas.

Ahora era el momento de que el baile apareciese en escena en los cafés cantantes. Antes solo se habían visto los bailes clásicos de la Escuela Bolera, pero ahora el baile siguió las huellas del cante y se introdujeron en los cafés, los bailes de las fiestas gitanas y de las tabernas, siendo apreciados en los programas los tangos, tientos, bulerías, alegrías, siguiriyas, soleás, peteneras…. El baile se comprendía mejor que el cante para aquel público “corriente” no conocedor del flamenco.

El baile, como en el cante, fue primero el coro, folklore de danzas colectivas. Buscó la soledad y poco a poco se fue convirtiendo en obra de uno solo: sacerdotisas del deseo y caballos del “son”, aprendiendo a ser en los escenarios de los cafés cantantes.

Al hilo de los años, conforme iba creciendo la expresión flamenca, hasta Madrid llegaban los artistas, el baile fue tomando dimensión social y cuerpo de belleza.

En aquella época, días de Silverio y del Nitri, decía Pepe el de la Matrona en Recuerdos de un cantaor Sevillano: “estaban de bailaores el Raspao, el Pintor, Lamparilla y el Jorobao de Linares, que ha sío quien ha bailao el zapateao, él y Antonio el de Bilbao. Antonio el de Bilbao, mejor que tó el mundo, por cierto no era de Bilbao, era de Sevilla, hijo del Niño la Feria que también bailaba y tonaba…Y de mujeres, yo no alcancé a la madre de Pastora Imperio, la Mejorana, ni a la madre de los Gallos, Gabriela Ortega, hermana de Enrique el Viejo, amigo intimo de Silverio”. Según José Luis Pantoja, Enrique el Jorobao de Linares “tenía dos jorobas, una delante y otra detrás; sin embargo, cuando empezaba a mover los brazos, decían los entendidos que hasta se ponía bonito y le desaparecían las jorobas”.

Pepe el de la Matrona, cantaba:

“Dicen que van a temblar

Las tablas del soberao,

Que esta noche va a bailar

Juana con el Jorobao”

Nos dice José Luis Pantoja, en su libro “Evocación de las grandes figuras del Flamenco” (esto nos interesa bastante a los aficionados carolinenses), al dedicarle unas frases a Juana la Macarrona: “Fue creadora y creó artistas, entre ellas Custodia Romero, gitana guapísima, conocida como la “Venus de Bronce”. El nombre fue un aldabonazo, un descubrimiento, un recuerdo.”

Guillermo Sena Medina, realiza una perfecta investigación histórica de Custodia Romero y realmente consiguió lo que pretendió: “la realización de una publicación digna de la memoria flamenca de nuestra tierra”. Dicha publicación se realizó gracias al inolvidable “Seminario de Estudios Carolinenses”, en el año 1985.

Custodia Romero, nos cuenta Guillermo Sena, “vivió en La Carolina, y dicen los que tuvieron la dicha de verla que, en los flecos de su mantón se llevaba más “olés” prendidos que los que podía recoger el más famoso torero en un día de triunfo. Su zapateado en “Antequerano” tenía que repetirlo varias veces, pues ponía en su ejecución tal picardía y entusiasmo que los transmitía al espectador hasta hacerle vibrar de emoción…”.

Todo ha de estar dentro del marco de la armonía, en el signo de la correspondencia, cante, toque y baile, fundidos en el coro de las palmas batientes.

Los Cafés Cantantes, esplendorosamente multiplicados, sirvieron de ámbito propicio, escuela y academia donde hacer valer los hallazgos de las maravillas.

La Macarrona y la Malena, Minuto, Faico y Mojigondo, fueron en aquella hora los maestros que entregaron el testigo del arte a los otros que vinieron.

 

Video: Luz de Luna por El Cabrero.

Dedicado a Belén, autora del artículo. También a mi buen amigo, ya desaparecido, Germán Tendero

 

Y la Guitarra

 

Pasó a tener entonces una gran importancia, y de ser un instrumento para acompañar, se convirtió en un instrumento solista. El periodo de los Cafés Cantantes produjo grandes guitarristas como Ramón Montoya, Luis Molina, Manolo el de Huelva, Javier Molina, entre otros. Un hábil guitarrista interesado en su profesión vale como su peso en oro.

Cuando los teatros y las plazas de toros fueron los escenarios de las funciones del flamenco, puede decirse que la época de los Cafés Cantantes había terminado. Habían contribuido a divulgar el flamenco y allí terminó su misión.

El café cantante, si bien combatido en su época por razones morales, y denostado en la actual por los puristas, que consideran que en los cafés comenzó la degeneración del flamenco, según Génesis García-1993-, fue el espacio donde realmente nació el género. Sin la existencia del café, el cante se hubiera perdido con el impulso romántico y folklorista que lo gestó. Porque fueron la profesionalización, el consecuente intercambio estilístico entre cantaores y cantantes, y la demanda posterior de grabaciones en cilindro y placas, los medios por el que el cante alcanzaría la posibilidad de un más acá de la época de los cafés; y la de permanecer como un hecho musical capaz de actualizarse con el tiempo.

Hoy día, un heterogéneo público se mezcla en los tablaos con turistas extranjeros donde (excepto en las Peñas Flamencas) no es posible conservar los ritos solemnes de los “cabales” de antaño, pero que, en el fondo, contribuyen a conservar y mantener el rango y pureza del flamenco.

Huelva, abril de 1997.

 

Bibliografía:

Candil.- Revista de Flamenco. Peña Flamenca de Jaén. Numero 21.

García Gómez, G.-1993- Cante Flamenco, cante minero. Una interpretación sociocultural.

Gran Enciclopedia de Andalucía-1979- Ed. Anel. Sevilla.

Sena Medina, G.-1985- Custodia Romero, “La Venus de Bronce”. Graf. Ramírez, La Carolina.

Thiel-Cramér, b.-1991- Flamenco. Su historia y evolución hasta nuestros días. Ed. Remark. Suiza.

 

Nota autora (1).-¿Por qué al Flamenco se le da este nombre?. Como sabemos, en la época (CarlosIII) en la que surgió el flamenco, a los Gitanos se le confundían con los Germanos (Alemania) y a estos con los Flamencos (Flandes), así que tenemos a un grupo de gente extraña en los lugares cercanos a las Nuevas Poblaciones. Además estos pueblos consideraban a los Colonos y a los Gitanos como “seres marginados”, confundiéndoles, y todo lo que escuchaban “cantar” a los Gitanos, para ellos era Cante Flamenco. Por supuesto que tan solo es una de las muchas teorías que andan por ahí.

 

Sitio de búsqueda

Contacto

Revista de La Carolina @La_Carolina
Jaén
España
+34 668 802 745

MIMO

Follow Me on Pinterest Seguir a La_Carolina en Twitter LINKEDIN LOGO

Sígueme en Pinterest

teatiendo

Últimos artículos publicados

Tráfico de la Revista en tiempo real

Agenda de Eventos

ENTRADAS A LA VENTA YA EN LA ASAMBLEA DE LA CRUZ ROJA DE LA CAROLINA EN C/ SANTA TERESA

INAUGURACION AULA INTERPRETACION MINERIA

 

Innovasur
 

 

La Perdiz

LOGO NH

Tel. +34.95.3660300

Fax: +34.95.3681362

nhlaperdiz@nh-hotels.com

THE ORGANIZERS

RESERVAR

PANADERIA BENITO RODRIGUEZ

GARAGE MONTES

ANTENAS JAVIER JIMENEZ

NEUMATICOS JUAN CAMACHO

LOGO VIII CENTENARIO BATALLA NAVAS DE TOLOSA
 

 

VOLUNTARIADO CRUZ ROJA

Revista de La Carolina colabora con Cruz Roja Española

A Juan Francisco Casas

le "gusta" Revista de La Carolina

 

 

 

¿Te "gusta" a tí también?

 

FACEBOOK
 

 

Más información

 

Visitas acumuladas Mayo

32.894

¿Quieres saber cuantas visitas tiene una web? Clic aquí