Nuestra Cultura e Historia: Los Cafés Cantantes y El Cortijo Real de La Carolina
Cafés Cantantes
Autora: Belén del Arco Prieto
Psicopedagogía. Etnología de Andalucía
Universidad de Huelva-199
En sus comienzos….
Los cafés, lugar de reunión política, artística o literaria mas distinguida que las tabernas, se había impuesto en España a partir de la segunda mitad de siglo XVIII, introducidos y regentados, muchos de ellos, por Italianos. Muy apreciada era entonces la escuela bolera. Felipe V había traído maestros de baile italianos. Estos habían quedado fascinados por los bailes andaluces y añadieron a ellos su técnica y estilo clásicos, resultado de ello la escuela bolera, que exigía bailarines entrenados y profesionales. Existía un gran repertorio de estos bailes. Las canciones y coplas andaluzas eran también populares en los cafés. Cuando estaban amenizados por músicos o cantantes se les llamaba Cafés Cantantes.
En sus comienzos, el cante flamenco constituía un rito solemne y trágico que se escuchaba en intimas reuniones familiares, bodas, bautizos….donde acudía un reducido numero de aficionados conocidos en el argot flamenco como “Los Cabales“. Los Cabales eran personas entendidas en la apreciación del arte de los “cantaores”, “bailaores” y “tocaores” de guitarra.

Foto: Obra de David Gonzalez López (Zaafra)
Desde fines del siglo XVIII, en el que los primeros cantes y cantaores se empezaron a oír, hasta la década de 1840, había muy pocas personas fuera del circulo gitano que conocieran sus canciones. Así, la forma gitano-andaluza del cante, propagada de manera difusa y restringida, solo se podía oír en pequeñas tabernas o en privado entre los mismos gitanos. El cantaor o cantaora cantaba solo cuando tenia ganas de hacerlo, o cuando les venia de adentro o el ambiente lo requería. Pero iba a ocurrir un cambio al encontrar un inmejorable medio de difusión: El Café Cantante.
Los Cafés Cantantes…
Algunos investigadores datan la existencia de los cafés cantantes desde 1847 hasta 1920. Estos cafés surgieron y se extendieron por Andalucía y España en razón lógica de unos hechos naturales. Por un lado, el auge que toma en toda Europa los cafés con espectáculos musicales, no solo como entretenimiento sino también como inquietud artístico-cultural. Por otra parte, la necesidad de canalizar la expansión cada vez más pujante del costumbrismo andaluz. De esta simbiosis nació en esencia el nuevo espectáculo. Con tan buenos augurios, como sostiene Caballero Bonald, el flamenco llega a su más brillante etapa de apogeo a mediados del siglo XIX y no saldría ya de ella hasta principios del siglo XX. Como puede verse, la “Edad de Oro del Flamenco” fue corta, pero muy intensa.
Como ya hemos citado, antes de la época del cante flamenco en los cafés, era el baile un apreciado elemento en el programa de los mismos. Pero el público empezó a cansarse de estos programas y entonces fue cuando llego el momento para un genial cantaor de flamenco, Silverio Franconetti, de origen italiano. Tenia un buen instinto para lo comercial y comprendió que el cante gitano podía ser una atracción apropiada para los cafés cantantes hasta el año 1880, en el que Silverio, con su gran capacidad,
Inteligencia e intuición abrió su propio café en Sevilla, iniciando así la culminación de la época.
Entonces ocurrió el cambio. Ahora serían conocidas estas canciones que habían tenido una vida casi secreta hasta el momento, con un público escaso pero entusiasta.
Creó el Café Cantante, dedicado exclusivamente al flamenco, con lo que creó también espacio sociológico, después degradado, en el que el flamenco se desarrollaría. Su capacidad artística y comercial haría de Silverio el primer profesional que sintetiza, recrea y proyecta todo lo que de otros cantaores había heredado. Con Silverio el flamenco inicia su primer momento culminante: la llamada Edad de Oro, época de los Cafés Cantantes, que se prolonga hasta principios de siglo.
Silverio contrato a ciertos cantaores para su café, fijo las horas de trabajo y vigiló que cumplieran con su obligación. Esto no era fácil para los gitanos, acostumbrados como estaban a una vida libre y a cantar cuando tenían ganas de hacerlo, y no cuando lo esperaba el público. Pero de esta manera tenían la posibilidad de tener un ingreso seguro. En este sentido, una vida muy dura era la que le esperaba a los artistas que se encontraban en los cafés cantantes. La ventaja era que podían comer cada día, la desventaja era que la calidad de la función empeoraba. Para el cantaor gitano era destructivo tener que actuar en horas y programas fijos. Aquí, el cantaor luchaba entre su carácter impulsivo y la forzada disciplina.
Silverio era un buen protector de sus cantaores, pero a veces no funcionaba todo bien y él mismo tenía que salir a actuar. La fama de Silverio como cantaor creció. Pero para los gitanos era casi impensable e increíble un payo cantaor. A una gitana no se le ocurrió otra critica que decir: “Cantas bien, pero tienes los pies muy grandes”.

Foto: Silvero Franconetti
Silverio será el gran cantaor que hace ostensible mercancía del cante, adaptándose mercantilmente al gusto del público y a las exigencias de la moda.
Lorca le rinde un homenaje en un poema:
"Retrato de Silverio Franconetti".
Entre italiano
y flamenco,
¿cómo cantaría
aquel Silverio?
La densa miel de Italia
con el limón nuestro,
iba en el hondo llanto
del siguiriyero.
Su grito qué terrible.
Los viejos
dicen que se erizaban
los cabellos,
y se abría el azogue
de los espejos.
Pasaba por los tonos
sin romperlos.
Y fue un creador
y un jardinero.
Un creador de glorietas
para el silencio.
Ahora su melodía
duerme con los ecos.
Definitiva y pura
¡Con los últimos ecos!
(Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo)
Los primeros Cafés Cantantes tenían poca importancia, se fueron estableciendo poco a poco: según Félix Grande en total había 63 Cafés en doce ciudades: Sevilla, Jerez, Cádiz, Puerto de Santa María, Málaga, Madrid, Granada, Barcelona, Bilbao, Córdoba,
Ya Guillermo Sena Medina, en la revista Candil (21), nos cuenta que: “existía en
a) La cuenca minera, tanto por la llegada de mineros de otros lugares andaluces, como por la indudable prosperidad económica.
b) La comunidad gitana inseparable del Cante Flamenco (1)
c) La situación geográfica que, a caballo del “ Camino Real” construido por Lemour a instancias de Carlos III, le hace ser lugar de parada y fonda para viajeros que iban desde Madrid a Andalucía o viceversa, donde, sin duda, se quedaban arbitrios de gran hondura.
d) La antigua tradición bandolera de Sierra Morena.
Cortijo Real de La Carolina
Pero quien no ha probado las riquísimas chuletas con pan y vino que por tan solo 0.25 pesetas, hasta la cena mas complicada y suculenta se sirven en sus magníficos reservados. En resumen: que “El Cortijo Real” es el establecimiento donde se escucha el buen cante, se come y se bebe por excelencia y donde la alegría de vivir es más grande.
Este establecimiento estaba situado en la calle Olózaga,1, esquina Cuartel; ahora hay un edificio nuevo.
El café de Silverio era diferente: se abrió en el año 1885 en la calle Rosario de Sevilla y estaba instalado a manera de un patio sevillano, con un pozo en el centro, todo decorado de azulejos. En el patio estaba el tablao y un mostrador para servir el vino. Había mesas y sillas en las arcadas y en las partes altas del patio había una barandilla con columnas que comunicaba con las habitaciones reservadas.

Foto: Ofrenda a San Rafael de Julio Romero de Torres
(Hace la ofrenda Custodia Romero)
Asiduos a estos locales la aristocracia y la alta burguesía, acompañados de mujeres de vida mundana y de artistas, que escuchando a los magnates del cante y de la guitarra establecieron la llamada juerga flamenca, permaneciendo en esos reservados hasta alta horas de la madrugada, tomando parte del acompañamiento de los cantantes con palmas y olés, motivados por la euforia del vino, las juergas terminaban desayunado las clásicas sopas de ajo y el café con churros.
La instauración de estos Cafés provocaría voces alarmistas como la del arte flamenco andaluz D. Antonio Machado Álvarez (padre de los poetas Manuel y Antonio Machado) conocido como “ Demofilo”, que afirmaba que los Cafés Cantantes acabarían por completo con los cantes gitanos, los que “ andaluzándose, o haciéndose gachonales, irían perdiendo poco a poco su primitivo carácter y originalidad… En la taberna, en las reuniones familiares y de amigos… los cantaores eran los verdaderos reyes, los obsequiados siempre y, aunque pagados a veces, eran escuchados con riguroso silencio… en los cafés el publico se impone… y como en su mayoría no es inteligente, ni está acostumbrado a discernir lo bueno de lo malo, ni por lo general participa de aquel sentimiento triste que domina a los
Sin embargo, los jóvenes escritores y poetas demostraron gran simpatía y compresión.
Estos establecimientos fueron auténticos forjadores de artistas flamencos, género que se ofrecía dentro de los llamados “conciertos de arte andaluz”. Llenaron las épocas llamadas “de oro” y de transición: la de los grandes maestros.
Decretaron su cierre durante la llamadas fases teatral y operística, pues la opera, la zarzuela y el teatro estaban mejor vistas y eran mejor para la sensibilidad de los ciudadanos, según los detractores de los Cafés Cantantes, pues además, según ellos, era el mejor camino para la cultura, que por supuesto también las clases obreras debían de recorrer.
Ahora era el momento de que el baile apareciese en escena en los cafés cantantes. Antes solo se habían visto los bailes clásicos de
Pepe el de
“Dicen que van a temblar
Las tablas del soberao,
Que esta noche va a bailar
Juana con el Jorobao”
Nos dice José Luis Pantoja, en su libro “Evocación de las grandes figuras del Flamenco” (esto nos interesa bastante a los aficionados carolinenses), al dedicarle unas frases a Juana
Custodia Romero, nos cuenta Guillermo Sena, “vivió en
Video: Luz de Luna por El Cabrero.
Dedicado a Belén, autora del artículo. También a mi buen amigo, ya desaparecido, Germán Tendero
Y la Guitarra …
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